TERCERA PARTE

La creatina fue aislada en 1832 y propuesta como suplemento dietético en la década de 1920, pero los efectos de la suplementación con creatina sobre el rendimiento y la composición corporal no fueron bien conocidos hasta principios de los años 90, cuando se demostró que la suplementación con creatina podría incrementar la cantidad total de creatina y Pcr muscular. A partir de entonces surgieron numerosos estudios en donde se estudiaron los efectos de la suplementación de creatina en forma de monohidrato sobre diferentes formas de rendimientos físico. Actualmente el monohidrato de creatina es uno de los suplementos más difundidos y utilizados en el mundo (Bemben & Lamont 2005, Branch 2003).

Las últimas revisiones científicas indican que la ingesta de monohidrato de creatina tiende a incrementar entre un 1.2±3% y un 2,2±0.7% los niveles de masa magra en los humanos, aunque no tendría efectos significativos sobre la reducción o incremento de la masa grasa total (Branch 2003).

Si bien existen algunos estudios, cuyos resultados no han mostrado beneficios significativos de la ingesta de monohidrato de creatina sobre el rendimiento físico, en la mayoría de los casos estos hallazgos se deben fundamentalmente a la metodología utilizada en cada caso, especialmente relacionada con la selección o el tamaño de la muestra, el tiempo de intervención, el tipo de entrenamiento, los parámetros de control o los procedimientos estadísticos aplicados para analizar los resultados (American College of Sport Medicine 2000, Benzi, et al. 1998). De todas maneras, en la gran mayoría de los estudios realizados para comprobar los efectos de los suplementación con monohidrato de creatina se ha observado que su aplicación tiende a producir mejoras en las adaptaciones producidas por los entrenamientos de fuerza o velocidad especialmente cuando estos se caracterizan por la realización de esfuerzos repetidos y con pausas relativamente cortas de recuperación (<6 minutos) (Bemben & Lamont 2005, Cotrell, et al. 2002).

Debido a que la creatina tiene un rol fundamental en la recuperación de los niveles de ATP, su descenso perjudicaría la capacidad de trabajo, especialmente de alta intensidad, frecuencia, y pausas cortas de recuperación (alta densidad), como por ejemplo los durante un partido de fútbol, rugby, baloncesto o en los típicos entrenamientos de fuerza con pesos organizados en series con pausas de recuperación relativamente cortas (45 s a 90 s) (Cox, et al. 2002).

En esfuerzos de alta intensidad y sostenidos en el tiempo, que duren más de 5 s, hasta 20 s o 30 s, o incluso algo más, los niveles de ATP se mantienen relativamente altos (no suelen descender más del 40% o 60% respecto a sus valores iniciales), mientras que los de Pcr desciende notablemente pudiendo quedar casi agotada (Warrner, et al. 2002). Debido a esto, el mantenimiento de niveles de creatina total relativamente altos a medida que se prolongan los esfuerzos es fundamental para sostener la intensidad del entrenamiento ya que como se ha mencionado anteriormente la velocidad y eficiencia de reposición de la Pcr depende en gran medida de la cantidad de creatina total muscular (American College of Sport Medicine 2000, Volek & Kraemer 1996).

Teniendo en cuenta que las concentraciones normales de creatina sanguínea oscilan entre 50 a 100 Micromoles por litro, y que en la masa muscular suelen encontrarse entre 120 y 130 mmol por kg de músculo seco, existiendo un rango de 90 a 160 mmol. Al considerar que la máxima capacidad potencial de almacenar creatina en a nivel muscular es de 150 a 160 incluso hasta 180 mmol por Kg de músculo seco, aproximadamente un 20% a 25% más de lo habitualmente mencionado en diversos estudios en donde se realizaron biopsias repetidas en diferentes grupos musculares, en la mayoría de las personas las reservas de creatina muscular no están saturadas al máximo de las posibilidades naturales, y por lo tanto podrán aumentarse, hasta llegar al 100% de la capacidad máxima (Burke, et al. 2003, Lukaszuk, et al. 2005, Volek & Kraemer 1996).

Para poder lograr una saturación máxima de los depósitos de creatina intracelular, salvo en aquellos casos en donde estos ya están naturalmente saturados, la única forma práctica es ingerir un suplemento nutricional que aporte una concentración elevada de monohidrato de creatina de alta calidad, de modo que este se asimile rápidamente en sangre y cause una brusca elevación de los niveles de creatina plasmática que permanezcan elevados por el tiempo suficiente como para inducir su captación por las células musculares que se realiza en contra de un gradiente de concentración gracias a la activación de unos transportadores específicos, los CREA T (Snow & Murphy 2003, Walzel, et al. 2002).